Hoy voy a hacer un punto y aparte.

Habitualmente os hablo en este espacio sobre marketing y la web; hoy voy a cambiar esta línea y os voy a hablar de algo mucho más corriente – por lo cotidiano -, os voy a hablar de lo Social. De lo Social online, las redes sociales, esas que los marketeros utilizamos a menudo para trabajar en lo que denominamos Social Media, pero que son mucho, muchísimo más que eso.

Recuerdo haber escuchado a una persona a la que conozco y respeto desde hace mucho tiempo que “una red social es una red a través de la cual se comunica una cantidad importante de gente; la red no la conforma la tecnología, sino las personas que en ella están”

Es un pensamiento atípico, normalmente pensamos que “redes sociales” son Facebook, Twitter, Instagram, etcétera, y no nos falta razón, porque ese soporte tecnológico es fundamental para que nos podamos comunicar; pero en realidad Facebook no es la red social en sí misma, ésta la conformamos los más de dos mil millones de usuarios que hoy en día tenemos cuenta y somos activos en ella.

No en vano Facebook y todas las demás “redes” miden su valor por el número de usuarios que diariamente se conectan e interactúan a través de ellas. Y se esmeran para que esa interacción recíproca sea lo más satisfactoria posible para todas las partes (personas y marcas incluidas).

Y lo han hecho bien; muy bien, de hecho, a base de ofrecer novedades y mejoras que todos conocemos ya y damos por habituales:

  • La posibilidad de retomar el contacto con aquel amigo o familiar perdido desde los tiempos de la infancia

(ésto va en negrita porque, hagamos memoria, fue el gran momento de Facebook 5 o 6 años ha: un punto de inflexión en nuestra manera de relacionarnos)

  • Podemos exhibir el tan temido álbum del viaje de novios sin necesidad de enemistarnos con los conocidos o familiares
  • Exhibir “ese trapito”, portátil, viaje, coche, título, “obra de arte”, reflexión, niño, padre, hermano (y sus homólogos del sexo fuerte) y todo lo que nos de la gana .. sin que la parte contraria tenga opción alguna oponerse, mucho menos aún para defenderse.
  • Acceder a donde antes no teníamos opción a acceder: un tuit o un comentario “bien puestos” pueden hacer que una entidad, marca o personaje importante nos respondan. Eso antes era absolutamente impensable.
  • Y muchas más opciones, ventajas en su gran mayoría, aunque ya se sabe .. no vivimos en Jauja y todas las cosas tienen sus límites y sus contraprestaciones.

En definitiva: las redes sociales, en mi honesta opinión, son un bien social. Ofrecen mucho a cambio de poco; nada más que nuestra intimidad, que de todas maneras íbamos a otorgar en otros círculos y esferas de la vida offline. Aunque les pasa lo que a todas las demás cosas de la vida, con moderación son buenas, en exceso dejan de serlo.

Personalmente no creo que haya redes sociales excluyentes, tan solo que a cada cual según sus intereses (y su disponibilidad de tiempo) les tentará más una o les será más sencilla tal otra. No conozco ninguna que te diga “si usted es del género femenino no intente registrarse en la aplicación”. O “acceso restringido a los mayores de 47 años”. Tan solo los límite legales impuestos por cada una de ellas en el acceso de menores (que sería tema para extenderse a base de bien en otro artículo).

Todas son abiertas, todas tienen interés en que las utilices y seas lo más activo posible, y aspiran a convertirse en imprescindibles para tí.

Y en todas ellas se cuentan cosas y se charla, a veces hasta niveles exagerados .. como en la vida misma.

Sin embargo, aunque ninguna tenga puertas cerradas, sí hay un nivel al que nos cuesta un poquito de más trabajo acceder: no porque nada ni nadie nos lo impida, sino porque son redes que no están hechas para nosotros (los “mayores”, de mente, edad, o de ambas cosas). Son las redes “de los jóvenes”.

Hace unos años, la “reina” entre estas era Instagram. Y más años atrás lo fue “Tuenti”. Hoy en día hay una nueva reina, a la que todos podemos entrar pero . . .  probablemente nos sepamos dar un paso más allá de la puerta: os hablo de Snapchat.

Snapchat es “la red social” de nuestros hijos y nietos. Donde ellos socializan, se quieren y odian, se relacionan, ríen y relajan. Una red cuya característica principal, diferencial, desde un principio, era que los mensajes que se envian a través de ella se autodestruyen al cabo de un tiempo (como los del SuperIntendente Vicente a Mortadelo y Filemón). Y nadie, NADIE, ni quienes lo enviaban ni quienes los recibían, ni tan siquiera los propios técnicos de Snapchat, podrían recuperarlos.

Tras ello ha evolucionado y recibido mejoras, complementos: mensajes más duraderos, biografías, más posibilidades de relacionarse – y de bloquear a usuarios, que también es muy importante – ese es el mundo de muchos de nuestros menores.

A estas alturas del artículo debería discurrir algunas conclusiones, y tal vez hasta algún consejo. Pero no es sencillo, por la mera razón de que desde dentro del bosque es difícil tener una perspectiva clara de los lindes. Y yo estoy, como casi todos los demás, dentro del bosque de las redes sociales.

Tan solo me voy a permitir ahondar en algo que ya he dicho antes: las redes sociales nos han aportado ventajas y prestaciones, a un “coste nulo” en comparación. Y por ello, pueden ser muy buenas. Aunque despojándolas de esas ventajas y prestaciones nos encontramos con un límite a esa bondad (al igual que en “las otras redes”), uno autoimpuesto:

Tus redes siempre serán tan buenas como lo sea la gente de la que te rodeas.

¡Saludos y disfrutad del verano. Con todas vuestras redes!!

Texto original redactado para Revista La Publi, edición de julio de 2016

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